Lana en una mañana fresca

(Mariano Felchle )

Se sentó al lado mío. La luz del sol cubría sus ojos acaramelados y la textura de sus mejillas rosadas. A través de sus lentes, mirando cuidadosamente, se escapaba el reflejo de una mirada que espera el momento indicado para hacer su próximo movimiento. Acurrucada en su inocencia comencé a preguntarme por su paradero, sus inquietudes, su mundo imaginario y di rienda suelta a infinitos vaticinios que nos involucraban. Navegué vagamente por algunas ideas y pensamientos con respecto a esto, hasta que el sol tapó por completo sus párpados replegados al cálido manto de un día que se escapaba fugaz por la ventana. Sus guantes de lana desalineados cubrían sus manos, por lo que no pude deducir ni su edad, ni sus vicios. Un gorro en gesto elegante y aniñado cubría sus cabellos, por lo que no pude deducir sus pasiones, pero tan solo verla reposar desprendida en la infinidad del tornasol que se filtraba por la ventana fue suficiente.

Fue suficiente para entender que suficiente es a veces demasiado y que procesar ese momento con el órgano pensante era en vano. Cerré los ojos por un instante, viajando a escenarios paralelos a aquella escena que se me había presentado súbitamente. Comprendí que tratar de entender tanta belleza sería un despropósito y que disfrutarla me sería imposible, pues ya se había adueñado de mi alma.

M.

Mariano Felchle

Músico y poeta

Comunidad

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